miércoles, 1 de septiembre de 2010

U.H. Tlatelolco y PROSOC: tareas pendientes


Por Miguel Angel Márez Tapia (Antropólogo)

La visita a Tlatelolco de Dione Anguiano Flores (titular de la Procuraduría Social), permite reflexionar sobre la relación que existe entre los tlatelolcas y la dependencia, así como los pendientes que son necesarios proponer como parte del debate dentro de las reformas a la Ley de Propiedad en Condominio en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, a fin de dar más facultades jurídicas a la PROSOC.
Tlatelolco en 1968

Tlatelolco es un conjunto condominal de libre acceso, cuenta con una población estimada de 45 mil habitantes, además tiene más de 90 hectáreas de superficie y 90 edificios, sí retomamos el discurso que se ha ido generalizando en el conjunto habitacional: “es mejor dividir la administración en cada entrada o módulo y protocolizarse así ante la PROSOC”.  Aunque la misma ley condominal lo permite, esto se convierte en una arma de doble filo a mediano y largo plazo, por un lado es un argumento lógico que es mejor organizar a 30 condóminos en vez de todos los que integran el edificio y posteriormente contar con la escritura constitutiva, a partir de la figura de “asamblea general de condóminos” como órgano supremo.

Aquí es donde se complica el modelo que está vigente en la ley condominal por las características de los conjuntos habitacionales de gran tamaño, únicamente se manejan las relaciones entre individuos, es decir condóminos y la asamblea general atomizaría la organización hacia el interior del edificio, limitando la viabilidad del mantenimiento de las áreas comunes de gran tamaño, como ha venido sucediendo con los recursos del Programa Ollin Callan que sólo han sido utilizados para regenerar pequeñas partes del inmueble, sin tener un impacto real en revertir el deterioro de la imagen urbana de Tlatelolco.

Sí el interés de la procuradora es regresar al origen de la PROSOC, es decir, la “organización” de los condóminos, es necesario revertir la tendencia hacia la atomización organizativa que hay actualmente; una razón de ella, es el fuerte deterioro del tejido social de los tlatelolcas, haciendo un poco de memoria, los recursos económicos que daba el gobierno para regenerar los espacios en Tlatelolco se destinaba por secciones, pero luego se argumentó la necesidad de recibir recursos por edificio, varios de ellos los utilizan por módulos o entradas.
El problema es que las áreas comunes (áreas verdes, andadores, pasillos, estacionamientos, etc.) representan más del 50% de la superficie de la unidad,  hablamos de una superficie superior a las 45 hectáreas, la imagen urbana del conjunto habitacional se ha deteriorado considerable; en el pasado, AISA tenía la función de solucionar los problemas de las áreas comunes, el movimiento vecinal por la lucha por la autoadministración a mediados de los años setentas, hizo reflexionar sobre el papel activo de los habitantes para evitar los abusos en las cuotas que se estaban aplicando, esa lucha motivó la creación de la Subdelegación Tlatelolco, sin embargo, el modelo de AISA era funcional para las necesidades de la unidad.

Con el pasar del tiempo, el presupuesto para el mantenimiento de las áreas comunes se ha ido reduciendo considerablemente en la Delegación Cuauhtémoc, por lo que es necesario retornar  ese papel activo de los tlatelolcas y reiniciar la discusión sobre la pertinencia de un modelo organizativo para Tlatelolco en distintos niveles (edificio-área común-sección), donde los condóminos tengan una participación directa en las decisiones que se toman para el conjunto habitacional.
Por ello, una propuesta inicial es una definición más precisa del conjunto condominal en la ley, se necesita hacer una distinción por el número de edificios construidos o población que habita en la unidad habitacional, lo que requiere Tlatelolco hace necesario proponer la adición en la ley de Propiedad en Condominio para el caso de grandes conjuntos condominales, la figura de una “Administradora Central” para poner en orden las diferencias o intereses que existen en un espacio tan diverso como éste, pero no únicamente una asamblea general de condóminos como viene en la ley, sino que se necesita a un tercero (la PROSOC) que sea parte y actor fundamental para la constitución de dicho organismo, asimismo vigile su funcionamiento para así solventar los importantes retos que representan la infraestructura y mantenimiento de las áreas comunes con los que cuenta el conjunto condominal, así es cómo, la asamblea general de condóminos y un tipo de “administración central” en forma coordinada pueden responder al mejoramiento del tejido social y la imagen urbana en la U.H. Nonoalco Tlatelolco, una tarea que aún sigue estando pendiente.


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