viernes, 15 de octubre de 2010

El viaje a Ciudad Tlatelolco, una narración literaria.

Por Miguel Ángel Márez Tapia (Antropólogo)

Ciudad Tlatelolco en 1976
Al escribir un poema, un ensayo o una narración literaria se recrea en la imaginación del autor, una multiplicidad de símbolos que configura mundos imaginarios condesados en palabras, ahí, se articulan historias que permite trasladarnos a diversos lugares donde el tiempo se diluye. En nuestros sueños recordamos el pasado proyectando futuros anhelos, al mantener el diálogo con un libro, la historia que leemos nos posibilita estar imaginariamente en ese espacio, nuestros sentidos se activan, la memoria nos conduce a ese viaje donde la literatura y nuestra experiencia se fusionan para converger en la evocación de ese ensueño llamado Ciudad Tlatelolco.

El nicaragüense Lizandro Chávez Alfaro, retoma el mito de Quetzalcóatl y recrea en Balsa de serpientes (1976), una rica narración de un viaje realizado en la ciudad, por eso les comparto un breve fragmento:

Cargado de absoluciones desemboca en la nueva opulencia de Ciudad Tlatelolco, trazada, fundada y acotada dentro de la otra ciudad. A paso indiferenciado de otros pacíficos ambulantes, traspone la balaustrada que cerca el Jardín de Santiago, y a la luz de las bombillas pasa junto a las parejas de adolescentes derretidos por sus primeros calores, inventándose sobre las bancas férreas, bajo las ramas de higuera tendidas entre las bombillas y ellos, que hace mil días, apenas, eran los que entonces corrían persiguiéndose en las selvas de acantos, o saltaban cuerdas en el cándido Templo Dórico, y en sus columnas rayadas con tiza o lápiz aprendían: Clara las tiene caídas –Roberto y Leonor– Sergio es puto –Elena y Héctor –The Doors– Me la pelas guei –Chanoc vs Batman– Alfred & Arthur. Proyectan Soul Music Música con alma Con los Grupos LA EXPEDICIÓN AND A PAGE BEFORE Bellini 13 Peralvillo City De 6 a 10 hs.

Termina de cruzar el jardín sustrayendo su olfato al nauseante olor a planta espesado por la noche. Otros son los olores que lo incitan. Detrás de las vidrieras del Café Malinalli (edificio Guanajuato) ve al conjunto de músicos que sábados y domingos de 7 a 10, asista, mueven a la clientela sin despegarla de sus sillas. Enchufados a sus guitarras eléctricas agita la melena, desgarran la voz, atruenan, gimen, en un desesperado intento de sintetizar la orgía en la pura magnificación eléctrica, mientras la clientela los sigue, modestamente orgástica, sin romper el límite de sus asientos. Más no podría ver ni oír en esa conmoción tan ajena a sus ardores biliares.

Paso a paso desemboca en la Plaza de las Tres culturas. Al descuido de los celadores, dos niños patinan sobre la explanada basáltica hecha por los constructores de la tercera cultura.

Sí no conociste el Malinalli, sí aún no habías nacido en ese tiempo, esta breve narración nos plasma lo que un libro nos permite recrear imaginariamente, dando vida a lo que actualmente ha desaparecido con el paso del tiempo; es una tarea continua ir rescatando la memoria de nuestro ensueño de Tlatelolco, esa experiencia debe recopilarse para que todos compartamos una historia común que se ha ido forjando por cada uno de nuestros pasos.

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