domingo, 18 de septiembre de 2011

El miedo en Tlatelolco: reflexiones sobre una problemática contemporánea.

Miguel Ángel Márez Tapia (antropólogo)




Andadores sin rejas, edificio Chihuahua 1966. Fuente: Guillermo Díaz

El miedo es un sentimiento que compartimos todas las criaturas vivas, mencionó el sociólogo polaco Zygmunt Bauman en su obra Miedo líquido, sin embargo, los seres humanos contamos con otro tipo de miedo, de segundo grado, en otras palabras tenemos un miedo reciclado social y culturalmente. Bauman mencionó que ese miedo secundario o “derivativo” se convierte en un sedimento de una experiencia pasada de confrontación directa con la amenaza: un sedimento que sobrevive a aquel encuentro y que se convierte en un factor importante de conformación de la conducta humana aun cuando ya no exista amenaza alguna para la vida o la integridad de la persona; desarrollemos un poco más esta idea.

¿A que tenemos miedo? ¿Cómo podemos defendernos ante él? Cuando una persona interioriza un sentimiento de ser susceptible al peligro: una sensación de inseguridad (el mundo está lleno de peligros que pueden caer sobre nosotros y materializarse en cualquier momento sin apenas medir aviso) y vulnerabilidad (si el peligro nos agrede, habrá pocas o nulas posibilidades de esperar o de hacerle frente con una defensa eficaz; la suposición de vulnerabilidad frente a los peligros no depende tanto del volumen o la naturaleza de las amenazas reales como de la ausencia de confianza en las defensas disponibles). Siguiendo la idea de Bauman, cuando cualquiera de nosotros ha interiorizado semejante visión del mundo, en donde reina la inseguridad y la vulnerabilidad, recurre de forma rutinaria (incluso cuando no hay una amenaza auténtica) a respuestas propias de un encuentro cara a cara con el peligro, por ello considero que es más ilustrativo sí desarrollamos ejemplos sobre cómo se ha construido un miedo que está latente en cada una de nuestras actividades cotidianas y repercute importantemente en las problemáticas que compartimos en Tlatelolco.

El miedo atraviesa nuestro cuerpo, no existe un rincón en nuestros huesos que no haya experimentado esa sensación, se podría decir que es “normal” tener miedo. La sociedad actual es un mundo lleno de miedos a la incertidumbre que produce, piénselo detenidamente: 1) se tiene miedo a lo que uno piensa y no puede expresarlo libremente para no tener consecuencias negativas en nuestro centro de trabajo o escolar; 2) miedo al caminar porque está lleno de “extraños” en los jardines, andadores y pasillos en Tlatelolco; 3) miedo en nuestro hogar por la “inseguridad” del exterior por tanto se hace necesaria una nueva chapa de seguridad en la puerta del departamento, pero también viene acompañada de rejas metálicas en las ventanas y andadores comunes entre los edificios; 4) miedo a lo que comemos, respiramos y bebemos por todas las “enfermedades” que padeceremos con la ingesta cotidiana de ellos; 5) miedo a la violencia que nuestro país padece junta a la campaña mediática (preferentemente la televisión) convertida como el contenido más importante en la mayoría de sus programas; y 6) miedo por las políticas públicas del Estado que se nutren de nuestros temores y dicen que nos están “protegiendo”, colocando cámaras y sacando al ejército a las calles.

Bajo este panorama poco alentador, algo claro es que el miedo paraliza, no únicamente el cuerpo sino también la voluntad y conciencia. La mejor manera de protegerse ante la incertidumbre, inseguridad y vulnerabilidad de la sociedad contemporánea es la organización social. Las rejas y las cerraduras no son la respuesta adecuada, reflexiónelo un poco, en caso de un evento extraordinario como un sismo o un incendio, las rejas que se han instalado en casi todos los andadores comunes que cruzaban los edificios, en vez de proteger se convierten en una trampa, sólo menciono un dato: la razón por la que se evitaron muchas pérdidas humanas en los dos módulos del edificio Nuevo León en 1985, fue debido a la accesibilidad que contaron los vecinos para poder evacuar antes que colapsaran.

El miedo es “normal”, esto no implica dejar de ser lo que nos hace seres humanos, el vivir en colectivo. Vivir en Tlatelolco conlleva una responsabilidad adicional, se tiene el privilegio de contar con una infraestructura que pocas colonias de la ciudad pueden presumir, sí intentamos gradualmente colaborar de alguna forma en la mejora de nuestro patrimonio, entendiéndolo como todo el Conjunto e intentando revertir la tendencia a pensar que sólo nuestro departamento nos “pertenece” y lo demás es ajeno, existirá un cambio importante para hacer frente a todos los miedos que compartimos: la inseguridad en las áreas comunes, plazas y jardines, la vulnerabilidad de nuestros edificios ante un sismo, la incertidumbre de refugiarme en mi hogar porque no tengo a nadie más para enfrentar todos esos retos. La organización es una salida viable, solo falta la voluntad de todos para poder construirla.

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