martes, 30 de octubre de 2012

La cara oculta de la reforma laboral


Por Aurelio Cuevas*

Outsourcing es uno de los temas de la Reforma Laboral


En septiembre desde Los Pinos se mandó al Poder Legislativo -en calidad de “iniciativa preferente”- una propuesta  de cambio a la Ley Federal del Trabajo, cuyo trasfondo es fomentar la inestabilidad laboral y reducir el salario real de los trabajadores y empleados del sector privado. La finalidad central de la reforma laboral es que busca lubricar un “crecimiento económico” orientado a beneficiar a las empresas… transnacionales.
Cuatro aspectos ilustran la esencia de la normatividad laboral que busca aprobarse: avalar el “despido relámpago” del trabajador solo con la decisión patronal, aprobar el “outsourcing” (la subcontratación) como sistema de reclutamiento de mano de obra haciendo a un lado al sindicato, eliminar el salario mínimo remunerador (con pago obligatorio de 8 horas por jornada tal como lo señala la Ley aún vigente) con el sistema de contratos por hora, y liquidar prestaciones (aguinaldos, derechos de antigüedad y jubilación).
Hay algunas propuestas en la reforma que son dignas de mención: la transparencia en las finanzas sindicales, sobre todo en el uso de las cuotas de los agremiados, y la elección con voto directo y secreto de los dirigentes, en lugar de la designación “a mano alzada” durante la asamblea gremial. Otra propuesta es la divulgación de los contratos colectivos en medios de consulta pública como el Internet. Sin embargo, estas propuestas fueron puestas en segundo plano por los legisladores (en particular los priistas).
Un comentario aparte merece la modalidad que se trata de imponer al emplazamiento de huelga, ya que este solo tendrá curso legal ante las autoridades respectivas solo si la representación sindical presenta ¡todas las firmas! de sus agremiados (sea que estén a favor o en contra de dicha medida). Se abre así la posibilidad de que la parte patronal soborne a los trabajadores o que altere el número de los registrados en nómina para evitar el emplazamiento. Se liquida así en los hechos el derecho de huelga.
Sin lugar a dudas es deseable efectuar cambios a una ley reglamentaria que se decretó en 1970, cuando el país tenía condiciones económicas, políticas y sociales diferentes a las actuales. Los problemas del desempleo, subempleo e informalidad se han incrementado -y siguen creciendo-  desde hace poco más de tres décadas. Urge brindar oportunidades de trabajo a los varios millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan (los llamados “ninis”), y que no tienen un ingreso siquiera modesto para cubrir sus necesidades.
Entonces ¿Por qué se busca efectuar una reforma  de tal índole sin realizar un cabildeo previo con los diversos agentes políticos nacionales, y no como “iniciativa preferente” del Presidente que obedece en buena parte a presiones del extranjero? Recién alguien me comentó que en Brasil hay mucha gente que se para al borde de las carreteras mostrando a los automovilistas letreros que dicen “¡Trabajo por una comida!”.
Sin ir tan lejos hoy es común hallar en zonas aledañas a la ciudad de México, como en el municipio mexiquense de Tecamac, a infinidad de jóvenes con una mochila o bulto en la espalda, que solicitan trabajo “de lo que sea” en cualquier pequeño comercio. La respuesta que obtienen a su petición es una negativa rotunda. Ante este problema social es necesario buscar soluciones imaginativas y respetuosas de la dignidad humana, y no generar normas laborales que solo encubren una esclavitud moderna.

*Sociólogo


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