jueves, 9 de mayo de 2013

Crónica de la reunión de MORENA en Tlatelolco

Por Gibran Castillo

Reunion de MORENA, el 5 de mayo 2013 en la 3a sección de Tlatelolco
Fotografía: Antonio Fonseca

"Viñetas Morenas"


Hacía un calor insoportable. Los niños, ignorando lo que sucedía ante sus narices, jugaban, subían y bajaban, sin importar siquiera los rayos de sol que pegaban sobre sus cuerpos.

Ante una de las banquitas que se encuentran en el cuadro donde se convocó a asamblea, los “morenos” colocaron una mesa,  la cual cubrieron con un mantel  color vino, con el signo de la organización, símbolo que mientras más se le miraba, uno se zambullía en la blancura, casi provocando una ilusión óptica.
                                                                               
Ataviado con una guayabera blanca, llevando en el dorso la siempre fiel águila republicana, y con el  nombre de nuestro personaje bordado con una caligrafía, presumiblemente de algún ángel liberal, Froylán Yescas comparó a Andrés Manuel López Obrador con Benito Juárez, puntualizando que, a pesar de las edades de ambos señores que se encuentran en la balanza, siendo los dos personas que entrarán a la senectud, se encuentran en su cénit, dando la  lucha en contra de los poderosos.

Froylán Yescas se dirigió a los vecinos animosamente, pensando en el Juárez que anda vagando en su carroza que más bien parece de funeraria.  Y lo hizo en un principio sin micrófono, perdiéndose sus ojos entre el público.

El  espíritu modelo siglo diecinueve culmina, debido a la fecha en la que se realizó la asamblea, con ¡vivas! a los héroes que lucharon en contra de los invasores hace ciento cincuenta y un años, brillando      la luz del general Ignacio Zaragoza, brillando otros ojos dentro de otras gafas, ignorando que la historia y el sentimentalismo de los políticos lo harían santo de su devoción.

El polvo que levantan las palabras de Yescas se arremolina sobre un farol, objeto perdido en las manos de toda la sangre que se asienta sobre el suelo mexicano.

Habiendo secundado el auditorio al representante del CEN, con ¡vivas! y puños en alto, llegó el turno de Armando Barreiro para hablar.

Todo de blanco, muy primaveral, como queriendo ser la nube que vino a la tierra por mera curiosidad, habló sobre los tres fraudes electorales que ha sufrido la democracia en nuestro país, un mártir que bien mereciera su espacio en el santoral, además mencionó a la lucha sostenida por los habitantes de Nuevo León.

La bocina que se encuentra detrás de él, seguramente queda agotada, con sus mil y un agujeros haciendo zumbar la garganta del señor Barreiro, casi sudando la gota gorda por las oraciones que se arman en nombre de la izquierda.

Y mientras Armando hablaba, un Pepito Grillo se paró sobre mi hombro, diciéndome que no estaban todos los que debían. Yo le pregunté por qué motivo lo decía. Él, de inmediato no supo explicarme, hasta que encontró la idea perdida: Que a algunos de los morenos no les pareció democrática la elección de las personas que dirigirían el proceso del Movimiento de Regeneración Nacional dentro de Tlatelolco.

De pronto, desaparece Pepito Grillo, no sin antes haberme preguntado si me inscribiría a Morena. Habiéndole negado, argumentándole que todavía no tengo credencial de elector,  mi curioso Pepito se esfuma de mi vista.

Me siento en el enrejado de una de las jardineras, y para mis adentros dibujó cuernitos y aureolas para los concurrentes al evento.

(Usted, estimado lector, sabrá a quién le corresponden dichos accesorios.)

El discurso de Armando Barreiro también se enfundó de polvo juarista, imitando de este modo al señor Froylán Yescas.

“A lo que te truje, Chencha”, exclama una joven rolliza, de playera oscura con alusiones a AMLO, a guiso de preámbulo para explicarles a los vecinos lo del nombramiento del comité de la tercera sección tlatelolca. Pero mejor decide darle el micrófono a “Paquito”, quien se distingue entre los viejos lobos de mar por su cachucha, su camisa a cuadros y una barba que a duras penas se dibuja sobre el rostro.

El muchachón,  bajo los influjos de un pasado romántico, menciona la los concurrentes de la asamblea que él ha participado en la política, desde que tenía ocho años de edad.

Y es aquí cuando se tengo otra aparición: Es un diablillo, de pelo entrecano, todo vestido de mezclilla, que no está sobre mi hombro, sino dentro de la cabeza, martillándola rítmicamente, grita: “Empezamos con mentiras”.

Los vecinos tienen actitudes distintas: Unos, se acercan, queriendo saber qué sucede, de qué hablan los señores políticos, por qué hablan y hablan; otros, titubean, dan la espalda, caminan, para de nuevo volver a dirigir la mirada alpúblico que se encuentra sentado en alguna de las sillas.

Uno, renuente, cuando un muchacho se le acercó para entregarle uno de los periódicos Regeneración, huye. Otros, escuchan emocionados, pensando que en verdad hay una revolución ondeando en el territorio en forma de cornucopia. 

Cada uno, a lo lejos o muy cerca de la acción, vio plantarse en el suelo tlatelolca un episodio más para los anales del sueño humano.

Florencia se dirige al público: Declamará un poema justamente dedicado a la gesta que se dio bajo el cielo poblano, aquel 5 de mayo de 1862.

Como me gustan los poemas, decido abandonar la somnolencia, para darle paso a cada verso que de la boca de la señora saldrán calientitos.

Florencia sube al estrado imaginario. Los árboles ofrecían su mejor sombra; los pájaros, el sonido de fondo que mejor le quedaría al poema; y el soldador o cerrajero que se encontraba trabajando en ese instante, el toque de modernidad, contrastando con la armonía de los plumeros andantes.

La señora Florencia embelesada, al igual que Armando Barreiro, quien le sostiene el micrófono a la mujer, para que ésta tenga ambas manos libres, y pueda remar, tratando de ir por el camino de sangre de algún soldado, sea liberal o conservador.

El sendero no importa; sólo se debe llegar al corazón de quienes le escuchan.

Para finalizar, Florencia por poco arranca los rayos de sol, abriendo un huequito por donde se percibieran las ovaciones.

En un principio, el comité se iba a llamar como la tercera sección.  Aunque a los vecinos se les pidió más nombres para dicho organismo, solamente hubo una propuesta más: la del arquitecto Raúl.

“El comité se llamará Cinco de Mayo…”, y argumentó sus razones: Recalcó en que sería una fecha que se puede recordar. Además, dijo que le parecía una imposición bautizar al comité como “Revolución, el cual, por cierto, “sonaba a priismo”, según la expresión de un vecino.

El chamaco, sin otras personas que propusieran a darle otro distintivo ante Juan Pérez, y con la mayoría de manos a favor de la propuesta, se quedó como “Cinco de mayo”, dejando atrás al epíteto que lo marcaría como la oveja negra entre las izquierdas, ya que la Revolución se oxidó,  dejando así su hornacina para que anide la Democracia. 

Otra vista de la reunion de MORENA en la 3a  sección de Tlatelolco
Fotografía: Antonio Fonseca

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