miércoles, 26 de junio de 2013

Intervenciones en andadores de Tlatelolco y su repercusión en la percepción espacial.

Por Oscar Suastegui Quintero*









En el mercado inmobiliario actual, brindar vivienda no es lo único importante, también se busca que dicha vivienda ofrezca espacios abiertos en los cuales se puedan desarrollar actividades recreativas y de convivencia, generando una mayor cohesión social. En los desarrollos habitacionales actuales destinados a la clase media-baja, es difícil encontrar alguno que cuente con los mencionados espacios abiertos. En la mayoría de los casos únicamente se cuenta con circulaciones peatonales con un diseño, en gran parte, escueto y sin criterio. Son pocos los conjuntos habitacionales existentes que cuentan con una oferta de espacios abiertos de calidad. La mayoría de ellos fueron desarrollados entre 1945 y 1968 bajo el estilo arquitectónico modernista altamente adoptado a mediados de siglo XX, uno de estos es Tlatelolco. Dentro del conjunto, las circulaciones se dividen en 4 subtipos generales: andadores principales cubiertos, andadores secundarios descubiertos, paseos y circulaciones perimetrales.


Gran parte de ellos ha sufrido a lo largo del tiempo un deterioro notable, tanto en su estado físico como en la estructura y/o elementos originales que los conformaban. En últimas administraciones, se han visto intervenciones que han sido notables cada una de las secciones de la unidad muchas de ellas las hemos consideradas buenas y acertadas, sin embargo no es el caso de todas ellas.

En la tercera sección se ha visto uno de los cambios que, más allá del grado de intervención, afectan en la calidad y percepción del espacio que habitamos diariamente. El andador lateral a la zona arqueológica, colindante al antiguo Hospital General de Zona 27 del IMSS, comenzó siendo cubierto con tapiales pues estaban por iniciar los trabajos de demolición del antiguo hospital; tras esto, se fue instalando gradualmente una valla metálica, superior a los 1.90m de altura, misma que limitó físicamente el acceso a estas áreas. Visualmente nos ha disminuido el espacio, vecinos comentan que ahora sienten el espacio más “encerrado” o “limitado”, como si lo hubieran hecho más chico. Esto se ha originado desde que se colocaron las vallas de la zona arqueológica, ahora con estas, ese corredor se ha cerrado por completo, siendo un corredor unidireccional, tanto visual como espacialmente.
Las proporciones del espacio son ahora mayores en el sentido vertical que el horizontal, lo que lo hace sentir más pequeño (figura 1), las implicaciones de esto en la percepción ambiental de los usuarios cotidianos se verá reflejada poco a poco, sin embargo, algunos ya comentan que se generará inseguridad, un deterioro paulatino como el que ha ocurrido en otras áreas con un bajo flujo peatonal. 

¿Será la única solución para la resolver el problema de la inseguridad?



Es innegable la necesidad de controlar otras problemáticas, como la indigencia y la falta de higiene de los dueños de mascotas, sin embargo, las soluciones parecen ser pocas para las autoridades, que optan por las soluciones más económicas [no siempre las más acertadas], haciendo cada vez más evidente la falta de un plan maestro para las intervenciones en la unidad, con criterios establecidos y que resuelvan poco a poco las problemáticas que tenemos en la unidad, siempre pensando en la conservación de lo esencial en Tlatelolco: sus espacios abiertos.
*Arquitecto Paisajista 

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