jueves, 4 de julio de 2013

El periodismo comunitario en Tlatelolco

Entrevista con el M. en Antropología Social Miguel Angel Márez Tapia

Por Mónica Vázquez Delgado


Este es primer número, 1 de julio de 2003.
1ª Epoca de  Vivir en Tlatelolco, Periodismo Comunitario

El primer día de cada mes se publica “El Periodiquito”, como les gusta llamarle, por parte de los habitantes de Tlatelolco, a la publicación mensual de su comunidad (Vivir en Tlatelolco: periodismo comunitario), la que habla acerca de cómo mejorar las redes de sociabilidad entre vecinos, la infraestructura de la comunidad, la seguridad, pero, sobre todo se responde ¿cómo se vive en Tlatelolco?

¿Se vive bajo el yugo histórico del 68 y del 85? , ¿se vive entre el olvido de sus habitantes al no conocer la historia barrial?, ¿se vive entre la tradición y la modernidad?, ¿entre el ambiente de luto por un 2 de octubre y un 19 de septiembre? o ¿cómo se vive en Tlatelolco?

Periodismo comunitario: el vacío  que dejan  los medios de comunicación

“Los medios comunitarios sirven para entrelazar cotidianeidades como la política, la cultura y lo social. Reconstruyendo el tejido social”, dice Miguel Ángel Márez Tapia, antropólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), periodista por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, estudiante del doctorado en Antropología Social en la ENAH, con especialidad en estudios urbanos.

Se ha especializado en periodismo comunitario y etnográfico. Actualmente es el editor junto a Antonio Fonseca de la revista Vivir en Tlatelolco: periodismo comunitario.
“El periodismo comunitario es el espacio vacío que dejan los medios masivos de comunicación, por vacío me refiero a esa pérdida de interacción entre periodista y su lector o televidente o radioescucha”, comentó el antropólogo.

Este tipo de periodismo trata de no burocratizar la profesión. No sólo se trata de cubrir el hecho, escribir respecto a lo acontecido, esperar su publicación y…¿después?, ¿dónde queda el vínculo periodista-sociedad, más allá de una nota o reportaje publicado?

Miguel Ángel, residente de Tlatelolco, ha estudiado el periodismo comunitario como una función de movilización en mejorar la condición de tu comunidad a partir de la construcción de identidades, el conocimiento de la historia del lugar donde has nacido y vivido.

“La cultura del no olvido de la historicidad barrial”

“El periodismo comunitario es parte de la comunidad y se queda en la misma comunidad”, apuntó al hacer referencia que desde antropología, la identidad se define como “yo existo a través del reconocimiento del otro”, por lo cual, cuando se hace periodismo comunitario se intenta también crear redes de sociabilidad entre los vecinos, para generar diálogo y logren una organización en beneficio de su comunidad.

Las revistas locales fomentan politización, por medio de la activación de conciencias para después impulsar en su participación. La cultura del no olvido de la historicidad barrial.  “Si conozco lo mío, mi realidad espacial, puedo conocer lo que hay afuera de ésta”, expresó Miguel Ángel.

El objetivo de los medios comunitarios o locales es fomentar vínculos de comunicación entre los habitantes de una comunidad para generar diálogos y debates en temas en común. Discursos del pasado, presente y futuro en la edificación de identidades barriales, reconocimiento identitario y actuación en el medio donde se habita.

“El cambio empieza desde nuestros espacios, después ya pensamos en actuar desde otros espacios”, finalizó el editor de la revista Vivir en Tlatelolco: periodismo comunitario.

‪"Un país pujante en desarrollo, México en marcha", tituló la publicación LIFE en Español, 1965.
Foto de Alfred Einsenstaedt

Tlatelolco: anfitrión de la prensa comunitaria

Tlatelolco fue inaugurado en 1964 por el presidente Adolfo López Mateos como un proyecto de unidades habitacionales modernas, representó una forma de habitar del “México moderno” que se deseaba mostrar al extranjero. La revista estadunidense LIFE  publica en su portada un reportaje de la inauguración.

Desde entonces, Tlatelolco se convierte en el espacio de la cancillería, al tener cerca las oficinas de Relaciones Internacionales y la firma del “Tratado Tlatelolco”, el cual establecía, la desnuclearización en América Latina.

El discurso que venían construyendo los presidentes priístas, acerca de ésta comunidad como un centro de las negociaciones diplomáticas, la modernidad de los edificios y la forma de vivir de los mexicanos fue fragmentado el 2 de octubre de 1968.

El movimiento estudiantil manifestó un contra-discurso, al que estaba manejando el gobierno, representado en la manifestación de las Tres Culturas. Es a partir de este momento que, como coyuntura, permite la movilización vecinal a través de la publicación de periódicos/revistas locales.

Cuando Luis Echeverría ocupa la presidencia, la primicia de su mandato es quitarse el “fantasma del 68”, así que con ayuda de su sobrino, José Lima Zuno, primer subdelegado de Tlatelolco, crean un periódico local llamado El Residente, financiado por la administración ejecutiva, para que sirviera como el medio “bueno y bonito” del presidente: “Los Pinos en Tlatelolco”.

Se crearon medios impresos como contrargumento al discurso de “Echeverría y su equipo”: Trinchera Tlatelolca, Temilotzin. Defensor de Tenochtitlan y Cantor de la amistad, Crónica de Tlatelolco, subsecuentemente surgieron en otras décadas Unidad Urbana, Nueva Ciudad, El Tlatelolca, Unidad Tlatelolca 19 de septiembre, Desde la Plaza. La visión del moderno tlatelolca, Tlatelolco Hoy, La voz de Tamaulipas (en referencia al nombre de uno de los edificios), entre otros, consolidándose la producción de periódicos de la zona. Hubo respuesta tlatelolca por medio de su prensa local a través del diálogo y debate en el tema de su comunidad y cómo la quería presentar Echeverría.

Tlatelolco ha sido el barrio mexicano con mayores publicaciones locales, por parte de sus habitantes. Un periodismo comunitario para y por la comunidad donde residen: comunicación vecinal.

El Residente, publicación oficial editada por la Subdelegación Tlatelolco
Mayo, 1975.
Vivir en Tlatelolco: periodismo comunitario: el ayer y hoy

Vivir en Tlatelolco: periodismo comunitario es la revista mensual de esa comunidad. Hace 10 años se publicó el primer número, impulsado por el profesor Antonio Fonseca y Alejandro Castillo, ambos residentes de Tlatelolco.

En julio de 2003, Antonio Fonseca, quien fuera el presidente del primer Comité Vecinal en la Tercera Sección del barrio y promotor de las asambleas vecinales para dialogar acerca de la gestión y el mejoramiento de aspectos socio-urbanos del mismo, decide empezar el proyecto de una revista local para crear redes de comunicación entre los habitantes de las 3 secciones pertenecientes a Tlatelolco.

Alejandro Castillo, participó en tiempos de la guerrilla en colectivos maoístas en México y estuvo presente en las dinámicas políticas dentro de las escuelas populares en los setentas, apoya la idea del profesor. Acepta apoyar al proyecto, fungiendo como colaborador y diseñador.

La revista, sus fundadores, la describen en dos etapas:
•          2003-2005: Primera etapa. Es una presentación rústica: hoja(s) carta doblada en 2, repartida gratuitamente por ellos mismos.
•          2006: año en que deja de publicarse, debido a las agresiones que sufrió Alejandro Castillo, cuando denunció, vía la redacción de una nota en la revista, a un grupo de delincuentes que operaba entre los edificios de Tlatelolco.
•          2007: Segunda etapa. Residentes de Tlatelolco se van sumando al proyecto, entre ellos, diseñadores, periodistas, publirrelacionistas, entre otros.

Vivir en Tlatelolco mejora el diseño y la impresión, lo que requiere cooperación económica, por lo cual, se empieza a cobrar tres pesos para la remuneración del costo del tiraje de los 1200 ejemplares, actualmente cobra cinco pesos como ajuste al costo de la edición. Ningún colaborador recibe sueldo por su participación en la revista.  Además se crea la versión en línea en 2009.

Para el 2009, los colaboradores eran: Raúl de la Torre, Aurelio Cuevas, sociólogo por la Facultad  de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), la licenciada Minerva Rosales, Graciela Hernández Robles, Miguel Ángel, antropólogo y periodista, posteriormente se integraron el arquitecto Santiago Jordá y los “Hermanos Arellano”: Ignacio, periodista-corresponsal que cubre las notas del Congreso de la Unión, José María, diseñador y Adrián, publirrelacionista, que han participado y creado otras publicaciones comunitarias.

La distribución se realiza en distintos puntos estratégicos de las tres Secciones de Tlatelolco, principalmente puestos de periódicos y comercios. Algunos de los ejemplares son entregados a los jefes de redacción de los periódicos locales (La Jornada, Milenio, Reforma, El Universal). La segunda manera de distribución, fue a petición de los directivos de la prensa nacional, con el objetivo de estar de tener un vínculo de comunicación con los hechos que ocurren en Tlatelolco.

La revista es un medio de comunicación local que informa a los tlatelolcas de los sucesos que ocurren en la comunidad. Los vecinos participan enviando sus escritos: denuncias, en su mayoría, a través del correo electrónico de la misma.

El vínculo periodista-lector es a partir del trabajo colaborativo en el proceso de la denuncia. Ambos actores de la comunidad laboran para fomentar participación socio-política en Tlatelolco.


Algunas publicaciones tlatelolcas desde antes del movimiento de 1968.


“Hacer periodismo comunitario es un reto. Te encuentras a tus “enemigos” en las escaleras del edificio”

“Hacer periodismo comunitario es un reto, porque el periodista se enfrenta a la crítica inmediata de la propia comunidad. Si no se resuelven las problemáticas a tiempo o no simpatizas con algunos, a tus “enemigos” los verás cuando salgas de tu departamento y choquen en la esquina o bajando las escaleras del edificio”, comentó el antropólogo y editor de la revista, Miguel Ángel.

Para los colaboradores de este proyecto comunitario, expresan,  la crítica es necesaria para el crecimiento de la revista, además de que es un aviso de que se está fomentando el debate entre vecinos; uno de los objetivos de esta revista y del periodismo comunitario.

“Este un proyecto de locos que escriben por pasión a la profesión y al lugar donde han crecido. Dice la gente que estamos locos porque trabajamos gratis”, dice Miguel Ángel.

Vivir en Tlatelolco es  “El Periodiquito” en el cual se concibe la identidad, la memoria, el diálogo, debate, la crítica y un discurso comunitario para concientizar acerca de la socio-politización de una comunidad. La necesidad de informarse en temas comunes  y la participación, a través de la denuncia, es la creación de redes de sociabilidad que permite el cambio desde la realidad espacial.

Entonces, ¿cómo se vive Tlatelolco? Se vive desde su “periodiquito”. La palabra del vecino y del periodista escribiendo el cómo se vive en Tlatelolco. 

Derecho de replica

Aclaración

En el número setenta de esta publicación, en el artículo titulado El periodismo comunitario en Tlatelolco, página doce, escrito por Mónica V. Delgado, me menciona como ex guerrillero.
Aclaro: No fui guerrillero.
No niego mi admiración por aquellos seres humanos que, en nuestro país y en otros, eligieron ese camino, en los años sesenta y setenta,  ni la amistad que me une a algunos ex guerrilleros mexicanos.
Lo más cerca que estuve en la guerrilla fue en la lectura de algunos documentos que le daban sustento ideológico. En la Preparatoria Popular (plantel Tacuba), conocí a un profesor egresado de Filosofía y Letras de la UNAM, que impartía la cátedra de Historia de México, quien fue asesinado por la policía.
Cuando esto sucede, se hace público que formaba parte de un grupo armado, llamado Comandos Armados del Pueblo, en el que también militaba una muchacha llamada Gladys, que había sido compañera sentimental de Pablo Alvarado Barrera (sobreviviente de la guerrilla de Arturo Gámiz), y que es tomada presa junto a otras personas.
A Pablo Alvarado lo asesinan en la cárcel de Lecumberri.
Este era el mundo que tenía cerca: Conviví con profesores y estudiantes que optaron por tomar las armas para combatir al gobierno.
Yo no lo hice.

Si así hubiera sido, lo admitiría.

Alejandro Castillo Martínez

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