sábado, 31 de agosto de 2013

No soy tribu. Soy un mariachi punketo.

Por Mónica Vázquez Delgado
Las mal llamadas Tribus Urbanas

“Hoy no somos mariachis, somos rockeros, salseros, punks, darks, troveros, juniors, indigenistas, hippies, norteños, gays, chilangos, regios, etcétera”: Carlos Camaleón (coordinador del centro Causa Joven D.F.).

La década de los veinte y treinta en México fue una etapa en la que el lenguaje identitario discursaba únicamente en los simbolismos patrióticos que se habían solidificado con mayor fuerza después de la Revolución Mexicana. La “era pos-revolucionaria” edificó una identidad nacionalista en el pueblo mexicano que difundía a su vez; la industria cinematográfica.  


“La época del cine de oro mexicano” significó la introyección, hacia la población, el descubrimiento de nuevos personajes que reforzaban más el mensaje  nacionalista: el personaje del mariachi, del charro eran referidos al contexto social de ese entonces, en el cuál, los mexican@s pos-revolucionarios construyeron una identidad homogénea.

Recordemos que el término Estado son relaciones políticas, mientras que Nación son los vínculos culturales. El nacionalismo es la ideología de una Nación con base a sus prácticas culturales. La identidad nacionalista se fue formando a través del reflejo de las proyecciones cinematográficas y en la dialéctica del proteccionismo al territorio, a la bandera, a la Nación. Lamentable es, que para los “patriarcales occidentales”, es decir, a las potencias, la imagen del mariachi de bigote, de la mujer en el campo sumisa, las familias con diez hijos, creen, que aún son parte de la comunidad citadina, cuando, la homogeneidad identitaria se ha fragmentado, para dar paso a la heterogeneidad inmiscuida tanto en lo rural, como en lo urbano.

La década de los sesenta llegó para romper con la mitificación de una identidad nacionalista unilateral. Los movimientos estudiantiles a nivel particular como universal, germinaron entre el estudiantado, entre un país, el conocimiento de nuevos géneros musicales, cinematográficos e ideologías respecto a cultos religiosos, la apertura a temas de sexualidad, políticos, de literatura y demás.

La música fungió un papel de gran importancia para las movilizaciones juveniles y permitió la pluralidad de identidades dentro  de un mismo país…dentro de México. A partir del rock, por ejemplo, y sus cantantes que fungieron como símbolos de identidad para algunos grupos juveniles, ya fuera a través de la vestimenta o la ideología  que reflejaba en sus canciones el rockero.

Lo que antes era una gran masa de personas movidas por el lenguaje nacionalista, en los sesenta, la masa se dividió formando diversidad de grupos impulsados, entre los integrantes de éstos por el compartimiento de mismos gustos musicales, intereses o estilos de vida.

Los géneros musicales construyeron, lo que mediáticamente, han definido “tribus urbanas”. ¿Por qué mediáticamente? Los monopolios de medios de comunicación masiva han desvirtuado la temática del joven y su comportamiento en grupo, presentándolo al telespectador como sinónimos de violencia, sin lograr analizar un poco más allá del tema, desde perspectivas de la identidad, contextos sociales y el avance ideológico-grupal de la juventud mexicana.

En primer lugar, aclaremos: no son “tribus urbanas”, el concepto “tribu” contempla dos factores: la etnia y el lazo sanguíneo. Por ejemplo, los grupos de seguidores del género  musical punk están en México como en Inglaterra y sin embargo, el único lazo que los vincula es por el mismo gusto de música, el corte de cabello o el tinte de éste o tal vez ciertas prácticas culturales, como es el caso del ska  o reggae, que la forma de bailar los identifica.

Por lo cual no son “tribus”, llamémoslas: “Identidades culturales”, ahora bien, podríamos concretar el término en “identidades culturales juveniles”, lo cierto es que sería “cerrar” el concepto, porque ¿el ska  es sólo para los de dieciséis   años? Hay personas mayores de treinta años precursores del metal, The Beatles, The Doors que siguen reuniéndose o siguen vinculando su identidad grupal por medio de la música.

Entonces,  tengamos una visión con mayor apertura al tema y lo que en la calle vemos como hip-hoperos, rockeros, etcétera son los grupos que se originaron de la fragmentación de la masa “nacionalista”. La identidad ahora se puede edificar desde, sí, la territorialidad, pero, también en otros ámbitos.

Las identidades culturales son el claro ejemplo de que México es heterogéneo y aún más su juventud, que por medio de su vestimenta, ideología, comportamiento, está comunicándole a su sociedad la idea falsa de la homogeneización identitaria.

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