jueves, 19 de septiembre de 2013

El 19 de septiembre de 1985, el parteaguas en México


"Siempre vivirán todos en nuestro recuerdo"
Foto del Diario Excelsior
Por Gloria Elizabeth Amador Bautista

Para mí el terremoto de 1985 fue un antes y un después. Yo era una jovencilla en los quince’s y me dedicaba a estudiar. Los temblores no eran algo nuevo para mí pues en mi infancia los viví muchas veces, sin embargo, éste fue completamente distinto, inusual. No tenía precedentes, era impresionante la fuerza del movimiento, yo no podía mantenerme en pie, mi mamá tampoco. Los azulejos caían uno a uno y se escuchaban como vidrios que junto con lo que se desquebrajaba en el interior de los ductos, golpeaban con un sonido estruendoso  que penetraba en los oídos.

Como sucede en situaciones como ésta, el tiempo parece correr lento. Parecía interminable, cada segundo largo, yo pensaba que no la librábamos, mi mamá y yo llorábamos muy asustadas, yo decía que se caería el edificio y moriríamos.

Cuando dejó de moverse el edificio un poco, ya había pasado el temblor, me asomé por la ventana y me impresionó mucho ver como se desbordaba el agua de la alberca del Cinco de Mayo. Del otro lado, una señora corría desesperada por el estacionamiento del edificio Arteaga por completo fuera de sí, se caía y se levantaba, gritaba con fuerza agarrándose las mejillas, era una escena muy desgarradora, al salir nos enteramos que se había caído el edificio Nuevo León y que su hija y tres nietos estaban bajo los escombros. Sólo se salvaron 2 nietos de esa pobre mujer, una sobreviviente y otra que no se encontraba ahí.

Fueron momentos de mucha angustia y terror, no nos reponíamos aún cuando llegó una réplica de ese terrible sismo en una magnitud muy fuerte: 7.3 grados Richter sacudía el Distrito Federal otra vez. Aunque era considerablemente menor, el pánico era mayor. La conciencia de sabernos tan vulnerables nos sacudía el alma. Después de tantos años a mí todavía se me pone la piel chinita a revivir esa experiencia.

Pero no todo fue traumático en esa historia. México vivió con vehemencia la solidaridad, la hermandad, la consideración, la empatía con los damnificados, la compasión, fueron momentos llenos de colaboración y ayuda impregnados de esa nobleza de sentimientos; esa actitud fue ejemplar, son de las cosas bellas que se vivieron y que están en la memoria de los capitalinos. También algo positivo fue el surgimiento de la protección civil el 6 de mayo de 1986 en donde se crea el Sistema Nacional de Protección Civil.

México empezó tarde en esta actividad, estamos retrasados en ponernos al parejo de países bien consolidados en este tema como lo es Japón, pero fueron los sismos de 1985, los que evidenciaron la necesidad de crear una institución nacional para encarar una emergencia, crear protocolos de actuación y que se involucre a la población en estas tareas. Para mí, al igual que para mi querido Tlatelolco, para la Ciudad de México y para el país entero, el 19 de septiembre es un parteaguas. Yo soy antes y después del 19 de septiembre, tuve la gran fortuna de comenzar a participar socialmente después de esta fecha en el movimiento de los damnificados que fue un movimiento social hermoso, lleno de creatividad, de gente linda, inteligente y luchadora.

En mi corazón siempre están esos luchadores sociales, vecinos y vecinas con los que tuve el privilegio de comenzar a impulsar actividades de protección civil en el Grupo Tlatelolco 19 de Septiembre, como Alicia Mendoza, Luvia Thompson, Lupita Cital (que en paz descanse); otros como Margarita Del Río, José Luis Muñoz (desde el gobierno delegacional) y otros vecinos ejemplares y comprometidos con su comunidad, hicimos los primeros simulacros vecinales en Tlatelolco y en la Ciudad de México en 1997, los cuales repetimos en 1998 y que han seguido en el Distrito Federal. 

Como siempre, también tiene sus puntos obscuros y es de las cosas que hay que resaltar, aquellos vecinos que se han beneficiado de “abanderar” nuestras causas y que desde entonces no se han molestado en trabajar, que viven lucrando de Tlatelolco y de otras causas nobles. Eso también debemos tenerlo presente para no permitir que ese tipo de personajes oportunistas se aprovechen de la gente.

Hoy tengo el privilegio de estar al frente de Protección Civil en la Dirección Territorial Santa María Tlatelolco, el Jefe Delegacional en Cuauhtémoc nos ha dado la instrucción de dar prioridad en este tema en la zona de Tlatelolco y con gran gusto sé que este conjunto urbano volverá a dar ejemplo en contar en cada edificio con su Programa Interno de Protección Civil.

Gracias por leer este testimonio que realizo con el amor tan grande que le tengo a Tlatelolco y como una orgullosa tlatelolca que deseo que mi comunidad mejore y vivamos en mejores condiciones. Viví con angustia, dolor y miedo el 19 de septiembre de 1985, como tantos otros tlatelolcas, pero eso mismo me dio la fuerza interior de sensibilizarme y construirme como una luchadora social.

¡Les envío un abrazo tlatelolca!

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