sábado, 28 de septiembre de 2013

La reforma fiscal: Un juego desigual de fuerzas

Aurelio Cuevas (Sociólogo)


En marzo del 2013 la Asamblea Nacional priísta modificó sus documentos básicos para impulsar cambios legislativos en dos puntos centrales: la privatización energética y la reforma impositiva. En el segundo punto se plantea sobre todo extender el Impuesto al Valor Agregado (que asciende al 16% sobre el costo de los productos) a los alimentos procesados y medicinas; para suavizar el impacto público de tal propuesta se exentó de la misma a alimentos básicos (como frijol, tortillas, leche y huevos) así como a medicinas de uso frecuente.

A pesar de que el partido tricolor se opuso de manera tajante a la reforma fiscal planteada por los dos gobiernos del Partido de Acción Nacional, ahora retoma tal bandera como propia lo cual demuestra que la estrategia de ganar votos está en relación directa con la capacidad de cambio de piel para que, una vez reconquistado el poder, se dé la espalda al electorado.

La clase gobernante y sus corifeos repiten sin cesar que esta reforma aliviará la falta de recursos para solventar el gasto público en áreas prioritarias: educación, salud, obras viales, etc. Pero se ha descuidado la recomendación hecha por organismos como la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) de que otra opción de reforma es que se establezca un impuesto progresivo (aumento del Impuesto sobre la Renta) a los grupos con más ingresos, lo cual debe acompañarse con medidas que aminoren las exenciones tributarias y la evasión fiscal.

Respecto a las exenciones (o privilegios) fiscales el régimen actual ni por asomo menciona que -desde hace varios años- la autoridad hacendaria ha condonado a cientos de grandes empresas de efectuar sus cargas impositivas, creando así un “gran hoyo” en las arcas públicas. El más claro ejemplo al respecto es la empresa TELEVISA  cuyo impuesto anual más reciente ascendió a ¡menos de 100 pesos!   

En las elecciones de julio para gobernador en Baja California, a pesar de declarar inicialmente el PRI que su candidato aventajaba a su contrincante panista, tras la intervención de Gustavo A. Madero (líder del blanquiazul) la autoridad electoral avaló el triunfo del segundo. ¿Cómo entender lo que pasó? Se trata en el fondo de mantener la alianza entre el PRI y el PAN  para que – a través del “mayoriteo”- las dos Cámaras del Poder Legislativo efectuen, en lo que resta del año, las reformas que avalen por un lado la plena entrada de capital transnacional a PEMEX, y por otro lado, mayores ingresos al fisco sin afectar a las corporaciones empresariales.   

Ante lo señalado es de vital importancia dar más resonancia a las voces que no son partidarias de extender el cobro del IVA a las capas pobres de la población, y que aprueban la justeza de aplicar un impuesto con base en una escala ascendente de ingresos o ganancias. Su planteamiento es que las ganancias de Petróleos Mexicanos ya no sean acaparadas por la Secretaría de Hacienda, y que sean aplicadas para invertir en extracción y diversificación de petroquímica mexicana. De este modo –concluyen- se apuntalaría la inversión en el sector energético sin desnacionalizar la renta petrolera. ¿Hay en todo esto algo ilógico o irrealizable?

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