lunes, 2 de junio de 2014

México entre dos fuegos: Economía distorsionada y cerrazón política

Aurelio Cuevas (Sociólogo)

Lo que viene en México cambiar para que todo siga igual:
 Los Nuevos rostros del viejo régimen.Los Angeles Press.

En el año que corre aumenta la falta de credibilidad del discurso público que, con las “reformas estructurales”, proclamó a los cuatro vientos que la economía nacional iría viento en popa, con tasas de crecimiento anual entre 4 y 5%, pero es un hecho que dicho pronóstico oficial tienden al declive: de 4% realizado en enero se pasó al 3% de inicios de abril.
Se puede argüir como algo positivo que las reservas del Banco de México subieron al final del primer trimestre a ¡183 mil millones de dólares! Cabe entonces preguntar: ¿Por qué los salarios y el consumo del grueso de la población nacional están deprimidos? ¿De qué sirve una baja inflación si los sectores asalariados no pueden acceder a un consumo satisfactorio?
Y es que el sentido de que se eleven las reservas del Banco de México es solo buena señal para los consorcios transnacionales, los cuales “se arriesgan a invertir en México” con la condición de asegurar una media de utilidades o ganancias durante un periodo de tiempo; si tal cálculo no resulta o si las pérdidas de capital son elevadas la llamada “banca central” compensa al emporio transnacional con una cantidad similar a dichas pérdidas, lo cual desde luego es una medida que desangra las finanzas nacionales.

Pero aun cuando existen ganancias elevadas como ocurre con las empresas automotrices ubicadas en el país (sobre todo las norteamericanas Ford, Chrysler y General Motors), el grueso de su producción –cuando menos un 80% se exporta a Estados Unidos satisfaciendo la demanda de consumo de nuevos vehículos en ese país. El mercado interno para tales empresas es algo secundario ya que su fuente principal de ganancias proviene de sus ventas externas. Si estas últimas se estancasen o declinaran obviamente tales transnacionales saldrían del país, con las consecuencias señaladas.
En cuanto al retorno del partido tricolor a la Presidencia hasta ahora es un signo de  retroceso: la conversión del Instituto Federal Electoral en Instituto Nacional Electoral centraliza en Los Pinos las decisiones sobre el manejo del “voto ciudadano” (dejando de intervenir los gobernadores en este terreno); el favorecimiento al duopolio TELEVISA- TV-Azteca en la reciente Ley de Telecomunicaciones que impide un auténtico pluralismo en la comunicación mediática, y la amenaza de controlar a través de la misma Ley el Internet con el fin de censurar las denuncias contra la represión del gobierno hacia actos públicos; la llamada “reforma educativa” que anula el derecho de los maestros de escuelas públicas a la estabilidad laboral; y la reforma fiscal del 2013 que afecta sobre todo a las clases medias.
Los anteriores puntos  y otros más reflejan una intolerancia hacia todo lo que disienta de las medidas del régimen peñista o busque sacudirse la dominación política en curso de perfeccionamiento. Pero cabe preguntar si, en lugar de fortalecer el orden establecido, dichas acciones más bien conducen a su rompimiento así como al desmoronamiento de la sociedad mexicana.
¿Qué hacer ante el panorama de una economía que no sirve al bienestar nacional y de una política cuya finalidad es dar más poder a quienes detentan el poder? La única salida es fortalecer la organización y las expresiones públicas de los amplios conjuntos sociales cuya voz e intereses son ignorados por los partidos, los sindicatos, los medios de comunicación y un aparato institucional que -retomando un refrán popular – “es candil de la calle y oscuridad en su casa”.

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