viernes, 4 de marzo de 2016

La pretendida invasión a Tlatelolco: ¿Rumor o juego político?

Por Alejandro Castillo

Lunes primero de febrero, aproximadamente las nueve de la noche. Comienza a esparcirse un rumor: “Habitantes de las casuchas de madera colocadas en La Ronda, van a ser reubicados en el deportivo 5 de Mayo en Tlatelolco, apoyados por la delegación Cuauhtémoc”.

Foto: Carlos Torres TV Azteca
Un joven alto, corpulento, megáfono en mano, caminaba frente a los edificios cercanos al deportivo, exhortando a los vecinos a concentrarse en la explanada del metro Tlatelolco, para “evitar la invasión”.

La movilización social se desató en completo desorden (así ocurren casi todas).Varios vecinos intentaban encabezarla: una mujer madura, cabello rubio, voz potente; otra, morena, de aspecto rudo, vistiendo una playera negra con dibujo plateado; un hombre de playera negra, montado en una motocicleta. Todos arengaban a los tlatelolcas:
— Vamos a rodear el deportivo. Hay que cerrar Manuel González y Guerrero.
—Si dejamos entrar a los de la Ronda a la Unidad, se acabó Tlatelolco.
La directora territorial intentaba dialogar con los vecinos, explicando que la pretendida invasión era sólo un rumor. Algunas personas escuchaban, otras increpaban, la mayoría no le creía. Algún vecino exigió un documento-compromiso  para evitar la invasión de ese o cualquier otro grupo a Tlatelolco, a lo que accedió la directora, quien debió caminar de la estación del Metro Tlatelolco a su oficina, ubicada en las avenidas Reforma y Ricardo Flores Magón, pues un vecino le bloqueó el acceso en vehículo, según aquel hombre, “para evitar que [ella] se fuera”.
Y comenzó lo entretenido de esta movilización: los cuchicheos.
—Mira esa muchacha: Es la secretaria particular de Barreiro—decía un vecino, señalando a una mujer delgada, bajita de estatura, con lentes, quien celular en mano, mantuvo una larga conversación.
—Esto es un acto orquestado para dañar la imagen de alguien—exclamó un vecino paranoico, quien aseguraba haber visto sujetos armados entre los asistentes.
A dos vecinos y a un fotógrafo de Tlatelolco TV, algún funcionario autorizó el acceso al deportivo, para que aquellos comprobaran que no había en el interior del inmueble ni materiales para construir viviendas, ni vecinos de la Ronda.
  Pasaron algunos minutos, cuando a las puertas del deportivo llegó un grupo de cinco vecinos, quienes exigían pasar para revisar. Argumentaban ser una comisión nombrada por las personas que cerraron Manuel González. Por si esto fuera poco, en aquel instante, abordo de su motocicleta arribó el hombre de playera negra, vociferando, autoritario: “Que no entre nadie hasta que lleguen las cámaras de Televisa y TV Azteca”.
Los vecinos que hicieron la revisión, salen e informan: “No hay nada con lo que se puedan construir viviendas, ni personas ajenas a nuestra comunidad”.
   Pues si no entran las televisoras, no vamos a despejar las calles que hemos tomado, dijo el hombre de la playera negra, el cual antes había amenazado con una nueva acción si no se presentaba el jefe de gobierno.
Supuestamente junto a estos equipos se haría el campamento a un costado de la alberca del 5 de Mayo.

Un jovencito llega corriendo; comunica que en aquel instante se va a firmar la carta- compromiso, siendo el punto de convocatoria el cruce de las avenidas Lerdo y Manuel González.

Mucha fue la gente que se encaminó hacia aquel lugar.
La directora territorial presenta la carta. Un hombre alto, que ante los vecinos se identificó como miembro de  Unidos por Tlatelolco, leyó el documento y, aproximadamente a la una y media de la mañana del 2 de febrero, terminó aquella movilización tlatelolca, con la que algunos egos se fortalecieron  y otros quedaron un poco maltrechos, en donde lo más relevante fue aquella manifestación de identidad tlatelolca, ese “mirarnos diferentes al otro”,  eso que “a pesar de que pareciera una visión elitista,  asumirnos como tlatelolcas”.

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