viernes, 29 de julio de 2016

“Nuevo” modelo educativo 20016 y Metodología Educativa

Por Alejandro Mario Fonseca

Me siento muy orgulloso de mi educación. Siempre estudié en instituciones públicas. Desde la primaria hasta el posgrado mi educación la pagó el pueblo de México. Recuerdo excelentes profesores, sobre todo en la secundaria y en la preparatoria, pero también en la facultad de química en la UNAM.
Muchos mexicanos fuimos educados así, en instituciones surgidas del proyecto original de la Revolución Mexicana. Desde luego que siempre ha habido la opción de la educación privada, aquella en la que se paga para “garantizar” la calidad.
Foto: ahuizote.com

Recuerdo a mis amigos de barrio, aquellos cuyas familias tenían más recursos y tuvieron la suerte de estudiar en colegios prestigiados como el Morelos o el Madrid; después me los reencontré ya en la facultad, porque la UNAM era la mejor opción, (bueno, también ya estaba el Politécnico, pero a mí me tocó ser puma) a pesar de que ya existían la Ibero y algunas otras.
El orgullo del que hablo está basado en una especie de magia, de fe en el progreso. Empezando desde nuestros padres, maestros y uno mismo, la consigna era: tenemos que aprovechar la oportunidad de ser mejores, de prepararnos bien para construir un mejor país: teníamos muy claro el objetivo, el valor de finalidad.
Sé que todo esto suena raro, a presunción, a exageración, pero así era. Y es que la magia se ha perdido, en gran medida por la política priista. Hubo un punto de quiebre alimentado por la corrupción sindical y el abuso de la clase política.

Desde los años 60 con la masificación se perdió el control, la alta burocracia de la Secretaría de Educación Pública y el sindicato del magisterio empezaron a llenarse poco a poco de holgazanes,  recomendados que nada sabían de educación, se “institucionalizaron” la venta de plazas, los  aviadores, los “inspectores”, las dobles y triples plazas, la herencia de las mismas, etc.

Y el punto de quiebre se dio precisamente en el salinato, ya con la “maestra” Gordillo. Todo se volvió una pachanga, el abuso y la corrupción sentaron sus reales. La educación pública en México, salvo honrosas excepciones, cayó en el precipicio de la flojera y  la mediocridad.
Cuando el ranchero Vicente Fox llegó a la presidencia de la república muchos creímos que las cosas podían cambiar. Por ejemplo, aquí en Puebla a mí me tocó participar, representando al rector de la Universidad Autónoma de Puebla, en una comisión convocada por la Unión Social de Empresarios de México a través de una asociación civil que se llamó Vertebra.
El objetivo era el de proponer un modelo de educación basado en valores, que se impulsaría desde la presidencia misma de la república. Allí fue donde tuve la suerte de conocer al rector, en aquel momento,  de la Universidad Iberoamericana Golfo Centro,  Armando Rugarcía. También asistían, entre otros los rectores o sus representantes, de la UDLA, de la UPAEP, etc.

Aprendí mucho en esa comisión. La voz cantante la llevaba Armando Rugarcía. Un rector sui generis, experto en educación,  que ocupaba su cargo con humildad, que nunca dejó su cátedra y sobre todo que compartía su sabiduría con todos los que lo rodeaban.

Los conceptos, críticas e ideas que he estado utilizando en mis últimas entregas en esta columna, las aprendí en aquellos años. También cambió en gran medida mi manera académica de vivir y actuar. Descubrí que la clave de una buena educación está en la base valorativa.

A reserva de continuar con el tema, concluyo este artículo con un comentario de lo que pasó con aquella propuesta. Al parecer el documento final Educación en un marco de valores ni siquiera llegó a las manos del presidente Fox, o si llegó no lo entendió. Nunca supimos.

Lo que si sabemos fue que la alianza de los panistas con la “maestra” Gordillo significó un retraso de por lo menos 15 años en la tan anhelada reforma. Hoy veo con agrado que mucho de lo que proponíamos en aquel entonces, aparece en el “nuevo” modelo educativo que presume el secretario de educación pública Aurelio Nuño.

Está todavía por verse que la implementación del proyecto se haga de manera incluyente y correcta; y sobre todo con  la dirección de personal altamente calificado, que de veras sepa de educación. 

Metodología educativa
En mis últimos artículos he estado comentando  la Reforma Educativa del gobierno federal. De la crítica a lo que parecía ser tan sólo una reforma laboral plagada de errores y conflictos, pasé al beneplácito de lo que resultó ser una verdadera propuesta de Reforma Educativa. ¡Enhorabuena!
Yo no sé qué les pasa a los tres órdenes de gobierno, pareciera que les encanta vivir en el conflicto. Muchas de las acciones modernizadoras, correctivas y hasta de política administrativa cotidiana devienen en conflictos innecesarios. Y todo porque no toman en cuenta a sus interlocutores, a los ciudadanos afectados o beneficiados.
En el fondo de esta manera de gobernar, de este estilo de hacer política, lo que yo veo es la prepotencia del nuevo rico. Nuestra clase política está engolosinada con el poder. Se trata de una nueva generación de jóvenes tecnócratas, de juniors de invernadero (el prototipo sería el “niño” verde) que sin mucho esfuerzo están amasando grandes fortunas, sin importarles en lo más 

Predictores-de-calidad-de-un-centro-educativo-14-638
El terrible desequilibrio social mexicano

Y es que fueron educados para eso, para enriquecerse, para el poder  y para el placer, cuando como servidores públicos que son, deberían hacer todo lo contrario. Sin saberlo son las primeras víctimas de la falta de un verdadero modelo educativo basado en valores. Pero pasemos al debate conceptual.
Siguiendo a Armando Rugarcía, si estamos de acuerdo en que educar consiste en promover que una persona o grupo comprenda ciertos conceptos, temas o contenidos, desarrolle sus habilidades para manejar conocimientos y emociones y refuerce sus actitudes relacionadas con valores y valoraciones. Entonces la educación es equivalente a desarrollar las potencialidades humanas para aprender, pensar, sentir y decidir.

Así que el asunto medular en la educación y en la llamada formación de valores, es ayudar a los niños y jóvenes a decidir por sí mismos qué tan amplio es el tiempo y el espacio de su vida que dedican  a los demás, a decidir con todas las de la ley, con la mente y el corazón, en suma con toda su conciencia.

Entendida así la educación, resulta que educar tiene que ver en el fondo con lograr un cambio interno en los niños y jóvenes, lo cual se complica todavía más porque esos niños y jóvenes difieren en sus antecedentes y además se desempeñan en diversos contextos educativos.

En otras palabras, el terrible desequilibrio social, económico y cultural que padece nuestro país complica sobre manera la implementación de un modelo educativo ya de por sí difícil y ambicioso. Se trata de romper con el paradigma darwiniano de la ley del más fuerte, de un mundo en el que sobreviven los más capacitados, aquellos que cuentan con más y mejores recursos. “El que quiere nacer tiene que romper con un mundo” decía Herman Hesse.

Lo que el “nuevo” modelo educativo está enfrentando ya y al parecer será su principal limitación, es el terrible desequilibrio de la sociedad mexicana: se trata de una responsabilidad generacional, que se antoja histórica, dinámica y compleja. De aquí que sea prácticamente imposible proponer un método específico para educar.

El método
Existe una gran bibliografía sobre la metodología de la enseñanza aprendizaje. Desde la pedagogía para la liberación y la esperanza de Paulo Freire, pasando por el método Montessori basado en el desarrollo del niño, la evolución en la lógica del niño de Jean Piaget, hasta llegar al constructivismo actualmente de moda; por hablar de los más conocidos,  hay mucho de que echar mano cuando de método se trata.

Recurro nuevamente a Armando Rugarcía, quién debido a la gran amplitud y ambigüedad sobre el tema del método, prefiere basarse en Lonergan, teólogo y filósofo jesuita, que afirma que básicamente un método no es un conjunto  de reglas que cualquiera, inclusive un tonto, ha de seguir meticulosamente; sino que más bien es un marco destinado a favorecer la creatividad, la reflexión y la colaboración.

El método de manera concreta debe concebirse no en términos de principios y reglas, sino como un esquema normativo de operaciones intersubjetivas recurrentes e interrelacionadas que producen resultados acumulativos y progresivos. (Continuará).

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