jueves, 22 de septiembre de 2016

¿Por qué Trump no debe ganar?

Alejandro Mario Fonseca
De lo que he venido comentando en mis últimos artículos, la economía aparece como la fuerza más destacada del proceso globalizador. Sin embargo, para tener una idea más completa de un fenómeno tan complejo, faltaría un enfoque específicamente sociocultural, aquél que atendiera a los problemas graves que se incrementan con dicho proceso: la demografía, la concentración de la riqueza, el desempleo, la ecología, la salud pública, y en general los derechos humanos.

Camino a la elecciones 2016

De la primera concepción a la segunda existiría un desplazamiento de los ejes económicos y políticos a los físicos y psicológicos, en esta línea se inscribe un autor norteamericano que ha influido enormemente en la opinión especializada: Paul Kennedy.

No obstante que lo publicó hace 20 años, Hacia el siglo XXI de Paul Kennedy, es uno de los textos más completos y apasionados que se han escrito sobre el tema. Para él, el principal reto al que se enfrenta la humanidad es el de reconciliar el cambio tecnológico y la integración económica con las estructuras políticas tradicionales, la conciencia nacional, las necesidades sociales, los arreglos institucionales y los modos habituales de hacer las cosas.

En suma, los esfuerzos por armonizar la economía y la política, se complican por tendencias que amenazan con exacerbar las relaciones sociales de todas las maneras y quizás amenacen la existencia de toda la humanidad.

Donald Trump: una amenaza mundial
¿Por qué un fanfarrón, un loco como Donald Trump está amenazando seriamente la paz mundial? Porque a su vez la globalización está amenazando sus intereses y los de muchos norteamericanos que se identifican con él. Por eso su oferta es regresar al proteccionismo.
Kennedy subrayó los siguientes cambios que amenazarían seriamente la paz mundial:

1.      El crecimiento de la población del planeta y los crecientes desequilibrios demográficos entre países ricos y pobres: el resultado es la creciente desigualdad mundial entre el lugar en que se encuentran las riquezas, la tecnología, la buena salud y otros beneficios, y aquél donde viven las nuevas generaciones en rápido crecimiento y con pocos de estos beneficios, si es que gozan de algunos.
2.      La explosión demográfica que también produce desafíos medioambientales cualitativamente diferentes a los que existían hace medio siglo; es inconcebible que la tierra pueda mantener una población de diez mil millones de habitantes devorando recursos al ritmo de las sociedades más ricas de hoy y –ni siquiera a la mitad del ritmo-.

3.      El modo en que la tecnología está convirtiendo en superfluos los trabajos tradicionales, substituyéndolos por sistemas de producción totalmente nuevos; la biotecnología está haciendo superflua la agricultura tradicional, mientras que la robótica cambió ya el modo de manufactura y la estructura del empleo industrial que existió durante los dos últimos siglos.

Una nueva racionalidad capitalista
Paul Kennedy es un visionario que con toda puntualidad nos hizo ver los cambios que vendrían con la globalización, y sí, verdaderamente son dramáticos. Se acabó el “mundo feliz” al que se acostumbraron los norteamericanos durante los siglos XIX y XX.

Donald Trump es un claro ejemplo del capitalista depredador, ignorante y abusivo que está en extinción. Las sociedades capitalistas modernas y democráticas ya no soportan a los aventureros, a los corruptos.
El problema no somos los mexicanos, ni los musulmanes,   los negros o los orientales; sino las viejas técnicas e infraestructuras nacionales, los intereses creados y los viejos hábitos y estructuras gubernamentales.

La competitividad basada en la productividad no tiene raza ni nacionalidad, es la piedra de toque de la nueva economía capitalista mundial. A contracorriente, los apoyos de Donald Trump son las fuerzas irracionales que han logrado sobrevivir: el gran capital financiero, los fabricantes de armas, los grandes especuladores inmobiliarios, los sectores contaminantes como el petroquímico y una amplia franja de la clase media blanca ignorante y amodorrada.

Fríamente visto el panorama mundial que nos tocó vivir, ¿a quién le conviene en México que Donald Trump gane la presidencia de los Estados Unidos? ¿A nadie? Yo creo que sí, a los malos empresarios, a los políticos corruptos, al crimen organizado, a todos aquellos que viven de la trampa y del engaño, que gracias a la globalización están siendo desenmascarados.

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